SOCIOLOGIA
El ejercicio de la medicina me acercó progresivamente a una serie de situaciones de los pacientes que no tenían nada, o tenían muy poco, que ver con la biología. Se trataba de la patología de origen social.
Eso, unido a un déficit que yo observaba en mi formación en materia de humanidades, me llevó, tras una serie de inmiscuciones tibias en la disciplina, a "coger el toro por los cuernos" y realizar los estudios de graduación universitaria en ciencias sociales y políticas. La Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) me brindó la posibilidad de acceder a estos estudios entre los años 1992 y 2002.
Habiendo conocido la Universidad de La Laguna, dos décadas antes, en actividad presencial, la UNED me pareció una universidad de alto rango. Aún no habían empezado a publicarse los rankings universitarios anuales de la Universidad de Sanghai, que comenzaron en 2003, creo, ni los de la fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, en los que la UNED le pisa los talones, claramente, a las universidades presenciales canarias.
Haber adquirido formación en ciencias políticas y sociología me ha ayudado, más que a tratar a los pacientes, sobre todo, a abrirme la puerta -mínimamente- a la comprensión del todo, del universo, de la vida, a interesarme por la filosofía, por la historia, por la antropología, por la religión. A comulgar con Sócrates. A entender, por una parte, la minúscula magnitud de mi ser y mi aportación al conjunto, y, por otra, la belleza y el inconmensurable alcance del todo.